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lunes, 17 de octubre de 2011

.OPINIONES


Imaginemos una escuela en las afueras de un pueblo, con una sola clase polvorienta. Un maestro sobrecargado de trabajo trata de dominar un salón lleno de niños bulliciosos. Los alumnos tienen que compartir los textos de estudio, que siempre escasean, agolpados en las filas de bancos desvencijados. Están extenuados después de haber hecho un largo recorrido para llegar a la escuela, y se oye el murmullo de hambre de sus estómagos. Otros faltan desde hace semanas, por tener que ayudar a sus padres en la zafra. Los hay quienes ya no volverán, por no tener dinero para comprar los uniformes y útiles escolares. Éste es el drama cotidiano de muchos jóvenes en el mundo en desarrollo, en busca del más valioso de los productos, la educación.
Las estadísticas correspondientes a 1995 son elocuentes acerca del triste efecto que tiene en la población pobre la desatención en materia de educación. Si el 70% de los niños en los países de bajos recursos participaban en la enseñanza primaria, la tasa de escolaridad para la enseñanza secundaria sólo representaba el 17%. Comparativamente, en los países industrializados la tasa de escolaridad, tanto en la enseñanza primaria como secundaria, se acercaba al 100%. El deterioro continúa en la enseñanza superior, donde sólo el 6% de los estudiantes en los países de bajos recursos prosigue su formación, en comparación con el 57% en el mundo industrializado. ¿Cuál es el resultado? Son generaciones enteras de niños y jóvenes a los que se niega el beneficio de una enseñanza directa y están condenados a la pobreza si la enseñanza convencional sigue siendo la única vía para impartir el conocimiento y la especialización.


Una de las formas con las que los gobiernos han tratado de ampliar las oportunidades educativas al mayor número posible de personas sin aumentar excesivamente los costos es a través de la enseñanza a distancia. La enseñanza a distancia ha probado ser una solución atrayente para los que viven demasiado lejos de las escuelas o universidades, están demasiado ocupados en sus casas como para frecuentar las escuelas de manera regular o son demasiado pobres para pagar los cursos.

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