Las estadísticas correspondientes a 1995 son elocuentes acerca del triste efecto que tiene en la población pobre la desatención en materia de educación. Si el 70% de los niños en los países de bajos recursos participaban en la enseñanza primaria, la tasa de escolaridad para la enseñanza secundaria sólo representaba el 17%. Comparativamente, en los países industrializados la tasa de escolaridad, tanto en la enseñanza primaria como secundaria, se acercaba al 100%. El deterioro continúa en la enseñanza superior, donde sólo el 6% de los estudiantes en los países de bajos recursos prosigue su formación, en comparación con el 57% en el mundo industrializado. ¿Cuál es el resultado? Son generaciones enteras de niños y jóvenes a los que se niega el beneficio de una enseñanza directa y están condenados a la pobreza si la enseñanza convencional sigue siendo la única vía para impartir el conocimiento y la especialización.
Una de las formas con las que los gobiernos han tratado de ampliar las oportunidades educativas al mayor número posible de personas sin aumentar excesivamente los costos es a través de la enseñanza a distancia. La enseñanza a distancia ha probado ser una solución atrayente para los que viven demasiado lejos de las escuelas o universidades, están demasiado ocupados en sus casas como para frecuentar las escuelas de manera regular o son demasiado pobres para pagar los cursos.





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